"-Lou, has cambiado de perfume.
-Si. ¿No te gusta éste?
-Si, no está mal. Pero ya sabes que esto no se hace.
-¿Qué?
-La gente no cambia de perfume. Una mujer verdaderamente elegante permanece siempre fiel a su perfume.
-¿De dónde has sacado eso?
-Lo sabe todo el mundo. Es una vieja norma francesa.
-No estamos en Francia.
-¿Entonces, por qué usas perfumes franceses?
-Porque son los mejores.
-Claro; pero si sigues una norma, tienes que seguirlas todas.
-Pero, oye, Lee Anderson, ¿quién te ha dicho todo eso?
-Son los prodigios de la instrucción -me burlé".
Boris Vian
“Escupire sobre vuestra tumba”
"Ya se han interpretado bastante las pasiones: se trata de encontrar otras nuevas"
20 mayo 2010
04 mayo 2010
El príncipe y la rana

"Para retomar el lenguaje 'mágico' de Adorno, se podría decir que el historicismo dialéctico del que se hace portavoz es la bruja que, habiendo transformado al príncipe en rana, cree que detenta con su varita mágica de la dialéctica el secreto de toda transformación posible. Pero el materialismo histórico es la muchacha que besa directamente a la rana en la boca y rompe el embrujo dialéctico. Pues mientras la bruja sabe que así como todo príncipe es en realidad una rana, del mismo modo toda rana puede volverse un príncipe, la muchacha lo ignora y su beso toca aquello que es idéntico tanto en la rana como en el príncipe".
...
"La filología es la muchacha que sin precauciones dialécticas besa en la boca a la rana de la praxis".
Giorgio Agamben.
"Infancia e Historia".
03 mayo 2010
Sindicalismo

"No te dejes engañar
Por el papel brilloso de los chocolates
Ni la vista iluminada de la ciudad cuando oscurece
No te distraigas
Con los que se fotografían en familia,
Alzan trofeos,
O se muestran seguros
En las revistas de mucho tiraje
Que tu corazón esté
Con los que viven solos,
Los que saben que un par de tragos
Jamás abolirán el azar
Y por eso forman parte de ese estúpido club".
Fabián Casas
"Oda"
24 abril 2010
M. Foucault

"Salvando alguna palabra, creo que hablamos de lo mismo. Primero, no podemos decir que estas mujeres se aman entre ellas. No podemos decir que haya amor en Maria Malibran tampoco. Mejor sería hablar de pasión. ¿Qué es la pasión? Es un estado, algo que nos ocurre, que se apropia de nosotros, que nos agarra de los hombros, que no tiene pausa ni origen. En realidad, no sabemos de dónde viene. La pasión llega así como así. Es un estado siempre móvil, pero que no tiene dirección. Hay momentos fuertes y momentos débiles, momentos que alcanzan la incandescencia. Flota. Balancea. Es una suerte de instante inestable que se prolonga por motivos oscuros, tal vez por inercia. Busca mantenerse y desaparecer. La pasión se atribuye todas las condiciones para continuar, y a la vez se destruye ella misma. En la pasión, uno no está ciego. Son situaciones en las que uno simplemente no es uno mismo. Ya no tiene sentido ser uno mismo. Las cosas se ven distintas".
Diálogo de Michel Foucault y Werner Schroeter, en Soy.
18 abril 2010
Good Bye
"Benditos los que no tienen mitologías
Y se refugian agazapados
Bajo las lámparas del criadero;
Benditos los que no saben que la muerte
Da clases en todos lados
Y se conforman con una palmada
Y un plato de comida;
Benditos los que entran en ese lugar
Donde los significantes
Le dan vuelta la cara a Dios".
Fabián Casas
"Oda"
Y se refugian agazapados
Bajo las lámparas del criadero;
Benditos los que no saben que la muerte
Da clases en todos lados
Y se conforman con una palmada
Y un plato de comida;
Benditos los que entran en ese lugar
Donde los significantes
Le dan vuelta la cara a Dios".
Fabián Casas
"Oda"
30 marzo 2010
Celos clásicos
"Ella estudia latín esta mañana,
dos milenios después de Jesucristo,
susurra algunos versos
mueve apenas los labios, memoriza
despacio, íntimamente.
No mira a su vecino prosaico, al estudiante,
su fiel contemporáneo.
Detrás de sus pestañas, pretérita, perfecta,
traslúcida en el ruido
de la ciudad, recita
fragmentos de la Eneida.
El poeta, temprano, antes de Cristo,
pasea por la luz de su Campania
la luz meridional entre pastores,
ovejas, olivares,
recorre la mañana, las palabras,
con ritmo de pentámetro latino,
sereno, con un soplo que suave cruza el tiempo,
murmura su poema, su paisaje.
De pronto se detiene,
corrige un solo verso,
despacio, íntimamente lo recita,
mueve apenas los labios y un instante
coinciden las dos bocas.
Ella estudia latín pero en secreto
se besa con Virgilio esta mañana".
Pedro Mairal
"Consumidor Final"
dos milenios después de Jesucristo,
susurra algunos versos
mueve apenas los labios, memoriza
despacio, íntimamente.
No mira a su vecino prosaico, al estudiante,
su fiel contemporáneo.
Detrás de sus pestañas, pretérita, perfecta,
traslúcida en el ruido
de la ciudad, recita
fragmentos de la Eneida.
El poeta, temprano, antes de Cristo,
pasea por la luz de su Campania
la luz meridional entre pastores,
ovejas, olivares,
recorre la mañana, las palabras,
con ritmo de pentámetro latino,
sereno, con un soplo que suave cruza el tiempo,
murmura su poema, su paisaje.
De pronto se detiene,
corrige un solo verso,
despacio, íntimamente lo recita,
mueve apenas los labios y un instante
coinciden las dos bocas.
Ella estudia latín pero en secreto
se besa con Virgilio esta mañana".
Pedro Mairal
"Consumidor Final"
21 marzo 2010
Ulisa
"El amor conyugal deviene rapidamente rutina. Sin necesidad de explicitarlas se fijan sus frecuencias y sus modos. No hay nada de malo en eso. Siendo como es funciona como una fuente de afecto, orden y energía en nuestas vidas. El peor error respecto del amor conyugal consiste en pedirle que sea lo que no es: un vehículo de nuestros fantasmas sexuales. Querer encarnar en ése personaje diáfano, eje de nuestra cotidianeidad, nuestras pulsiones oscuras sólo lleva a una dicotomía insoportable en cuya crisis final tendremos que decidir -imposible e innecesariamente- entre prescindir de nuestro soporte afectivo o de nuestros deseos secretos. De lo dicho se deduce, claro está, que la infidelidad, de pensamiento o de hecho, está en la naturaleza misma del vínculo conyugal -extremo, por supuesto, que no necesita ser objeto de explicaciones con el cónyuge. Debemos asumir, sin demostración alguna, que cualquier persona sensata tiene claro el asunto. Todo es cuestión, entonces, de moderación y discreción. Y el que no sea capaz de moderación y discreción, el que no sepa frenar sus tendencias al exceso, mejor hará en prescindir de los beneficios del vínculo conyugal. De más está decir que, no teniendo un pelo de machista, entiendo que la infidelidad es inevitable para ambos conyuges. En lo que concierne a mi matrimonio debo decir que mi impresión es la de que mi mujercita ni roza con el pensamiento este tipo de cuestiones de metafísica conyugal"
Ercole Lissardi
"Ulisa".
Ercole Lissardi
"Ulisa".
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