03 agosto 2007

Von Südenfed



Lo postulamos entre los mejores discos del año. Mark E. Smith y los tipos de Mouse On Mars.



"Este simpático trío ya había anunciado tentativas en la grabación de “Wipe That Sound” en un 12’ a título de los alemanes, y ahora dan forma completa a doce canciones que extienden los registros personales, en donde el dúo germano provee un arisco y preciso mantel electrónico al burbujeante e incomprensible aullar del conde apócrifo del indie".


El texto completo, aquí; y el disco, por acá.

01 agosto 2007

Ravelstein

“Había desenterrado algo que yo había dicho sobre el desencanto moderno. Debajo de las ideas modernas el mundo seguía en el mismo sitio, todavía por descubrir. Y la manera que tenía él de expresarlo era que aquella red grisácea de abstracciones que cubría el mundo con el objetivo de simplificarlo y explicarlo de manera que sirviera a nuestros ojos en el mundo. Nos hacían falta de visiones alternativas, una diversidad de puntos de vista, y con esto se refería a puntos de vista, no a dejarse dominar por ideas. Él lo veía como una cuestión de palabras: “valores”, “estilos de vida”, “relativismo”. Yo estaba de acuerdo con él hasta cierto punto. Nosotros necesitamos saber, pero esos términos no pueden satisfacer nuestra profunda necesidad humana. No podemos salir del pozo de “cultura” y de las “ideas” que supuestamente se utilizaban para expresarlo. Sería de gran ayuda contar con las palabras adecuadas. Y más aún con un don para leer la realidad, el impulso de dirigir tu rostro amoroso hacia ella y de apresarla con las manos.

Saul Bellow
“Ravelstein”

26 julio 2007

La seducción

Entusiasmo. ¿Acaso no me entusiasmaba? ¡Oh, claro que sí, qué duda cabe! Yo que ya estaba más allá de la hermosura, excluido de la centelleante red de encanto –yo que no encantaba, yo que nada ganaba, a quien la naturaleza miraba con indiferencia... ah sí, todavía era capaz de entusiasmo, pero también veía claro que mis entusiasmos ya no iban a entusiasmar a nadie... Por ello me arrojaba sobre la vida como un perro apaleado y tiñoso... Pero si en aquella edad se presenta una ocasión de frotarse con la juventud, aunque sea a precio de depravación, y si resulta que la fealdad tiene sus usos, asimilada por la hermosura... ¡Una tentación que barre toda resistencia, irresistible en el sentido más literal! Un entusiasmo sí, incluso una locura taladrante –pero por otra parte... ¡Pero a ver! ¡Un momento! ¡No! ¡Que locura! ¡Cosas así no se hacen! ¡Es demasiado personal! –demasiado privado y peculiar- y sin precendentes! ¡Y adentrarse por aquel demoníaco y extraño camino con él, con un ser que me daba miedo, porque me daba cuenta de que era un extremista, que nos llevaría demasiado lejos!.

Witold Gombrowicz
“Pornografía”

10 julio 2007

Sobre las frituras

“El olor a fritura parecía llenar su conciencia. Pensó, pero sólo por un instante, que las frituras eran una nueva aberración, como el tramo de carretera con sus tiendas de saldos y sus autocines para mirones. Rápidamente corrigió ese pensamiento casual, pero recordó que las frituras fueron una de las primeras cosas que se han olido en el planeta. Tras el descubrimiento del amor, de la importancia de la caza y de la constancia del sistema solar, vino el olor de la comida frita. Incluso ahora, al final de la cosecha, en los rincones más inaccesibles de los Cárpatos, los pastores bajan de los montes con sus rebaños, en otoño, para oír los violines y los tambores sin encordar de los zínganos, y oler las salchichas girando sobre las brasas de carbón. Las frituras son bárbaras (reniegan de la autoridad) y su magia es la malnutrición, el acné y la vulgaridad. Son indigestas y sumamente olorosas, y pueden ser, si te falla la suerte, lo último que huelas de camino al patíbulo. También son portátiles. Hay que poder comerlas sentado en una montura, o a bordo de una noria de feria, o recorriendo las avenidas y senderos de algún parque de atracciones de pueblo. Hay que poder comerlas con las manos, sacándolas de un cucurucho fabricado con hojas, corteza o piel humana, mientras remas en tu canoa de guerra o marchas hacia el frente. Estaban comiendo frituras cuando hicieron el primer sacrificio humano. Estaban friendo berenjenas en el Coliseo cuando desmembraron al filósofo en la rueda y entregaron el santo a los leones. Estaban comiendo frituras cuando ahorcaron a las brujas, descuartizaron al pretendiente y crucificaron a los ladrones. Las ejecuciones públicas fueron nuestras primeras celebraciones y las frituras son comida de fiesta. También son las comida de los amantes, los jugadores, los viajeros y los nómadas. Al celebrar y enaltecer las frituras, todas las grandes carreteras del mundo mantienen vivos nuestros recuerdos primitivos de cazadores y pescadores errantes, cuando no teníamos historia y teníamos muy poca visión de futuro. Son la comida de los vagabundos espirituales”.

John Cheever
“Esto parece el paraíso”.

06 julio 2007

Bell Orchestre



Bell Orchestre
"Recording a tape the colour of the night"
Rough Trade.

Rescatamos este excelente disco de 2005, comentado en su momento en Rockaxis.

Bájalo aquí.

05 julio 2007

5 tesis de Jim O'Rourke

1. Una buena colección de discos / Escuchar es descubrir.

"Durante mucho tiempo mi colección de discos fue mi segunda familia. Gracias a ella pude captar la inmensidad y la diversidad de las formas musicales -sobre todo las llamadas de vanguardia. Mi placer supremo era descubrir discos que, como los videojuegos en 3D, me introdujeran en nuevos universos -como ese disco de Zappa que mencionaba todas sus influencias y que me llevó a Stravinsky, Ives, Stockhausen... En la biblioteca pública me fascinaban los discos que nunca había sacado nadie -ésa fue la manera en que John Cage entró a mi vida... Ser el único chico que escuchaba eso no me provocaba orgullo ni remordimientos. Lo único que me impulsaba era la curiosidad."

2. Praxis / Escuchar es reflexionar.

"Discos como Remove the Need, Terminal Pharmacy o Rules of Reduction me permitieron dejar atrás algunas obsesiones, romper algunas cosas. Eran a la vez el testimonio de una práctica y de su razón de ser. Desde entonces, este doble acercamiento a las cosas nunca me ha abandonado. Es algo que heredo de mis padres, que siempre me incitaban a reflexionar sobre todo lo que hacía -y por qué y cómo lo hacía... El disco Brise-Glace, por ejemplo, es al mismo tiempo un disco de rock -con la dinámica propia de ese género- y una especie de documental sobre un grupo de rock -con todo un trabajo de producción que cuestionaba y sacudía la expectativa del oyente."

3. Huir del confort / Escuchar es cuestionar cómo escuchamos.

"Mi meta no es, por principio, contrariar los deseos de la gente, sino incitarlos a preguntarse sobre sus motivaciones y sus hábitos de escucha -e introducirlos en el proceso de composición. Personalmente, es lo que me permite mantenerme espontáneo y a la vez ponerme en cuestión, huir del confort: apenas me siento un poco cómodo, siento la necesidad de partir."

4. Signos de interrogación / Escuchar es devenir.

"Es mejor no tratar de imponer nada, ni un dogma ni una verdad, sino más bien ir trazando un camino a fuerza de signos de interrogación. Buscar siempre sabiendo que no hay nada que encontrar... Eso es lo que puede volver nuestros acercamientos musicales tan frágiles y fascinantes. Yo pongo por encima de todo discos como Laughing Stock de Talk Talk o Tilt de Scott Walker: obras dotadas de una inmensa riqueza humana, que a la vez son fascinantes documentos de investigación".

5. El futuro / Coda.

"En un futuro cercano, nada me resultaría más placentero que mezclar a un grupo de rock -un trabajo mucho más difícil y más rico de lo que la gente suele creer."

Jim O'Rourke

[palabras recogidas por Richard Robert]

8

Hace tres veranos, encontré una carta en mi buzón. Venía en un gran sobre blanco y estaba dirigida a alguien cuyo nombre no conocía: Robert M. Morgan, de Seattle, Washington. En la oficina de Correos habían estampado en el anverso del sobre varios sellos: Desconocido, A su procedencia. Habían tachado a pluma el nombre del señor Morgan, y al lado alguien había escrito: No vive en esta dirección. Trazada con la misma tinta azul, una flecha señalaba la esquina superior izquierda del sobre, junto a las palabras Devolver al remitente. Suponiendo que la oficina de Correos había cometido un error, comprobé la esquina superior izquierda para ver quién era el remitente. Allí, para mi absoluta perplejidad, descubrí mi propio nombre y mi propia dirección. No sólo eso, sino que estos datos estaban impresos en una etiqueta de dirección personal (una de esas etiquetas que se pueden encargar en paquetes de doscientas y que se anuncian en las cajas de cerillas). La ortografía de mi nombre era correcta, la dirección era mi dirección, pero el hecho era (y lo sigue siendo) que nunca he tenido ni he encargado en mi vida un paquete de etiquetas con mi dirección impresa.

Dentro del sobre había una carta mecanografiada a un solo espacio que empezaba así: “Querido Robert, en respuesta a tu carta del 15 de julio de 1989 debo decirte que, como otros autores, a menudo recibo cartas sobre mi obra.” Luego, en un estilo rimbombante y pretencioso, plagado de citas de filósofos franceses y rebosante de vanidad y autosatisfacción, el autor de la carta elogiaba a “Robert” por las ideas que había desarrollado sobre uno de mis libros en un curso universitario sobre novela contemporánea. Era una carta despreciable, la clase de carta que jamás se me hubiera ocurrido escribirle a nadie, y, sin embargo, estaba firmada con mi nombre. La letra no se parecía a la mía, pero eso no me consolaba. Alguien estaba intentando hacerse pasar por mi, y, por lo que sé, lo sigue intentando.

Un amigo me sugirió que era un ejemplo de “arte por correo”. Sabiendo que la carta no podía llegarle a Robert Morgan (puesto que tal persona no existe), en realidad el autor de la carta me estaba enviando a mí sus comentarios. Pero esto hubiera implicado una confianza injustificada en el servicio de correos de Estados Unidos, y dudo que alguien que se ha dado el trabajo de encargar en mi nombre etiquetas de dirección y de ponerse a escribir una carta tan arrogante y altisonante pudiera dejar algo al azar. ¿O sí? Quizá los perversos listillos de este mundo creen que todo saldrá siempre como ellos quieren.

Tengo pocas esperanzas de resolver algún día este pequeño misterio. El bromista ha borrado hábilmente sus huellas, y no ha vuelto a dar señales de vida. Lo que no acabo de entender de mi propia actitud es que nunca he tirado la carta, aunque sigue dándome escalofríos cada vez que la miro. Un hombre sensato la habría tirado a la basura. En vez de eso, por razones que no comprendo, la conservo en mi mesa de trabajo desde hace tres años, y he dejado que se convirtiera en un objeto más, permanente, entre mis plumas, cuadernos y gomas de borrar. Quizá la conservo como un monumento a mi propia locura. Quizá sea el medio de recordarme que no sé nada, que el mundo en el que vivo no dejará nunca de escapárseme.

Paul Auster
“El cuaderno rojo”